Mostrando entradas con la etiqueta Saramago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Saramago. Mostrar todas las entradas

viernes, junio 18, 2010

¿Quien me escribirá ahora?


Hoy es mi día libre, hoy desperté porque me despertaron. Hoy me serví el acostumbrado bowl de cereal y una taza de café* que aunque lo he dejado de lado, a veces hace falta.

Hoy encendí la compu y coloqué "The New York Times" en la primera página de leída corriente. Entre Obama y el fútbol se disputaban la primera plana, luego, en la mitad, allá en el centro, de tamaño reducido un título que decía: "José Saramago, Nobel Prize-Winning Writer, Dies". No lo niego, empecé a sentir como si hubiese perdido a uno de mis mas cercanos, como si hubiese sido 4 de Junio nuevamente y tenia que ver partir a mi abuelo Santiago. Se me erizó la piel y desde entonces sigo llorando.

La tierra de Azinhaga sangra ahora porque un grande se nos ha ido. Aun resuenan los últimos párrafos que leí de Caín, aquel Todos los nombres con el que me deleité, un Hombre duplicado que hizo correr lágrimas, y por supuesto, aquellos Ensayos y Evangelios que nos dejaron boquiabiertos.

Hoy es mi día libre, hoy no me siento bien del todo después de esta noticia. Hoy solo me queda refugiarme nueva vez en sus escritos y sentirme, como siempre ha sucedido, liberada. Un gigante se nos ha marchado, nos ha dejado todo un legado tangible que definitivamente he de devorar. Descansa mi adorado Saramago, ahora no tengo nadie mas quien me escriba sino tu.

jueves, mayo 20, 2010

Caín


Ese Martes me dije que debía terminar "El proceso". Lo tenía desde el pasado Diciembre, cuando acudí a buscar el regalo de la flaca, y cuando decidí, porque no, incursionar en el Kafka que me tocó leer de bachiller. Finalmente decidí tomarme el tiempo para leer ese manojo de frases bien formuladas con look de novela quasi policíaca. Así lo hice, a las 22 hrs cerré la ultima pagina que dictaba la muerte de Josef K., y acudí prontamente a aquel lomo amarillo que auguraba una novela irreverente, aquel "Caín" que desde Enero también había postergado.

"Que diablos de dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín", así decía la frase que, impregnada en el respaldo me hizo devorar sus casi trescientas páginas en medio día. Saramago vuelve a ser el premio nobel que junto a su"Evangelio según Jesucristo" me convirtió en una ávida lectora de sus escritos. “… no estoy cuestionando a Diós, estoy cuestionando a la humanidad que un día lo ha inventado” reitera en una de sus entrevistas convencido.

Jose Saramago nos regala un libro lleno de escenas, que van contando todo aquello que Caín tuvo que vislumbrar recorriendo el antiguo testamento de aquel libro de los cristianos. Nos recuerda a su vez la historia de la destrucción de Sodoma, el sacrificio de Abraham, y por ultimo el arca de Noé, en donde, nuestro héroe de la historia desafía al dios convirtiéndose en el asesino de los tripulantes de la embarcación e interrumpiendo de esta manera la preservación de la raza humana.

Era Miércoles cuando cerraba aquel mágico escrito. Ese mismo día recibí una de esas llamadas que te hacen soñar despierto. Tomé "La sombra del viento" acompañada de esas infusiones de flores y frutas que persigo últimamente. Desde entonces y hasta ahora, sigue persiguiéndome Carlos Ruiz con su obra agarrada del alma.

sábado, enero 20, 2007


"Yo no creo en la identidad de un pueblo determinado. Creo en generaciones capaces de soñar, capaces de inventar, capaces de cambiar”. José Saramago


Desde los tiempos de la libertad pintarrajeada, desde los “ahoras”, los momentos actuales, a nosotros, a quienes no sobrepasamos aún el cuarto de centenario, nos ha tocado ver un cielo lleno de mentiras de democracias. De dedocracia como tanto se escucha decir por el allí y acá. Hemos venido queriendo ser conformistas, pero, se nos ha tumbado el brazo de la aprobación sin sentar cabeza.

Terminé de leer este libro “Ensayo sobre la lucidez” que, a pesar de no ser extenso, me tomó desde junio del año pasado, cuando Pepita me lo trajo desde nuestra adorada Cuba, hasta el día de hoy, cuando, despejada de las clases de la universidad y ayudada de un apagón común de ciudad Santo Dominguera, tuve que dejar mis labores en el trabajo y, dedicarme felizmente a la lectura. Finalmente le acabé, salí airosa de su contenido y, me encantaron los Pre-finales, los comienzos, los centros.


Exquisito desde la punta de los dedos hasta sus hebras craneales, este libro resulta ser otro absceso cerebral creado por José Saramago en mí. A pesar que también lleva “ensayo” como título, no pensaba yo que iba a entremezclarse el tan buen “Ensayo sobre la ceguera” en este relato, pero así fue, pude constatarlo en el momento en que se hace alusión a los ciegos de hace cuatro años (los reales o los que se hacen, que son iguales) de la ciudad sin nombre.


La manera de recrear el estado actual de nuestros pueblos, esa forma en la que José nos hace reír con sus pdd, pdm y pdi, partido de derecha, partido del medio y partido de la izquierda respectivamente, más que una burla, le veo hasta sentido de seriedad al asunto. Partidos de derecha que no saben que hacer con el Fondo Monetario, Banco Mundial; Partidos de Izquierda que temen plantear el sentido intrínseco de la Izquierda misma (sus raíces); Partidos que se convierten en mediadores para “estar bien con todos”, en fin, partidos que terminan siendo “Partidos del medio”. De esos que venden derechos, voz, libertad.


Sucumbe la ciudad en unas elecciones donde, la abstinencia, el voto en blanco, esa discrepancia entre razones se convierte en un derecho ejercido. El estado se sorprende, se convierte la ciudad en un estado de sitio totalitario. Maniobras se fecundan desde el gobierno para con el pueblo, motivando a los tan sumados “atentados” creados por un mismo eje hegemónico: “Estado vs. pueblo”.

El trayecto se hace corto, las palabras Saramaguienses se vuelcan rápidamente hacia el recuento de la mujer que no cegó mientras todos los habitantes de la ciudad de la ceguera lo habían hecho, y, una carta hace responsable a la misma de que estos votos blancuzcos han sido guiados por esa fuerza que, nunca cegó. Episodio que queda claramente definido como “única mujer que no quedo ciega entre tanta gente”. Curioso.


El escrito termina con un encuentro de cordura real y verdadera de uno de los participantes policíacos que tratan, en principio, buscar pruebas no existentes para inculpar a esta mujer, y terminan siendo justos para con la misma.


Los medios se vuelven mentirosos, fiel fotografía de lo que hoy acontece en el diario vivir. Se quiere ocultar la verdad y ella resurge como blanca espuma de mar. Todo acaba de manera súbita y no esperada. BravoBravísimo Saramago