
Me han conocido por ser muy realista en la mayoría de las situaciones, y cuando digo realista me refiero a que no soy de las que se dejan influenciar por el "aura" del entorno y le sonríen a todo lo que ven. No vivo ataviada de frases de autoayuda y superación, sin embargo, creo que la gente me ve como una persona envuelta en felicidad -y es verdad- aunque no proclame dicho enunciado firmemente.
Vivo planificando todo, metódicamente, recelosa de que la vida se me acabe sin haber cumplido ciertas cosas que viven marcándome el pensamiento. Todos tenemos algo de eso, es normal querer dictar el futuro que nos depara. Pero planificar es una palabra inadecuada para esta sociedad. Proyectar senderos, a veces es crearse "positivismos imposibles", siempre que se viva en el país en donde la Universidad estatal es la misma que no permite que sus estudiantes planifiquen sus estudios conforme a un horario y a unas materias que están impresas en algo que ellos llaman pensum. De ahí vengo, y es increíble-pero cierto- que aun fuera del recinto no puedas, literalmente, salir de el. El desorden embarga a la autónoma.
H.B dice que ella es la célula, el reflejo de "como funcionan las cosas aquí", y yo creo, que los núcleos que concentran medio millón de personas deberían quedar hábiles para dejar de actuar a la 'brigandina' y conformarse de manera organizada y, dicha la palabra otra vez, planificada.
Estoy casi convencida de que la respuesta a mi dolor de cabeza es, como dice aquella frase gringa "go with the flow" a ver si la incertidumbre hace que el barco pueda llegar a Venus de una vez por todas.