Cada vez que el periódico me pica un ojo y, me atiborro de sus letras, noto que mi espíritu pende y titila, repito, se desgasta. El Jueves pasado olvidé recorrer la ciudad y sus museos, olvidé por igual el Jazz de Casa de Teatro del Lunes, Martes y Miércoles. Me perdí la celebración del Amarillo-azuloso paralelepípedo que me embarga, dejé a Saramago envuelto en sábanas nuevas con aroma a otro hogar. Sin embargo, cuando uno se cree que ya todo lo perdido nunca se gana ni que lo fuercen a ser, me topo con las trayectorias a las que tanto tildé de impostergables dentro de la agenda, cuyas nunca me han visto, y noto que la esperanza no se ha perdido.
Este miércoles me pongo el traje de vuelta atrás y pienso colmarme de memoria. Que no me espante la sabiduría cuando toque a mi puerta, la quiero recibir solemnemente y hacerla mía de una vez por todas.