Entre la 70th y 71st street con Amsterdam; en Manhattan, NY, se encuentra el Starbucks mas raro del mundo o por lo menos mas raro en el que yo he estado. Aclaro primero que mi gusto por el cafe no es selectivo, sin embargo, cada vez que veo una tienda de esas se me sube la bilirrubina y corro a comprar un Coffee Frappuccino tall*.
Ayer quedamos de juntarnos Laura y yo en la 79th con Broadway a las 9 de la noche; llegue a las mismas 9 y me puse a esperar parada en la salida del tren 1. Luego de veinte minutos, y ver que el panorama no cambiaba busque un telefono publico de esos que andan regados por toda la ciudad y llame a casa de tia; el jodido telefono de la porra estaba sin servicio. Mientras miraba las caras de los bisexuales, homosexuales y heterosexuales de la avenida segui esperando otros veinte minutos mas; y fue cuando decidi moverme a buscar otro aparato que me facilitase la comunicacion (que ya no tengo telefono, que me lo robaron en uno de los restrooms del USU). Lo logre, le hablo a Laura para enterarme de que su salida del trabajo se habia aplazado hasta las 10 y algo. Confinamos encontrarnos en uno de los Starbucks mas cercanos y, llegue a parar, como dije inicialmente, al Starbucks mas raro del mundo entre la 70 y 71 con Amsterdam ave.
El aire era denso, no habia mucha gente, pero el calor abundaba. El cajero era un dominicano con trenzas que mientras me atendia miraba algo mas que la caja. Pedi mi frappuccino con la crema batida que acostumbro, y, fui a buscar asiento en el local. No habia mas que una silla disponible junto a un señor mayor, de algunos 70 años de edad que leia el periodico y se movia los bifocales constantemente. La mesa tenia dos espacios disponibles y yo tome uno, de igual forma me toco tomar por igual la peor mirada que haya visto en mi vida; un guiño de ojo con un meneo de boca rarisimo por parte del mayor este. Me sente a esperar y a vigilar los movimientos de los otros 12 usuarios del cafe este.
Una doña que, con ropa de ejercicio no dejaba de cruzar las piernas de un lado para otro, de izquierda a derecha; frente a ella, un joven de cabello largo, medio blancuzco, sonriendo mientras daba sorbos al te transparente que sorbia. En mi extremo derecho se encontraban, dos latinos bien definidos en sus laptops, un indio que sin querer choco a un gringo mientras movia su cafe, y un gringo, que al ser chocado por un indio, recogio sus cosas y se largo.
A los 10 minutos de empezar el cafe helado mio, llega un hombre alto, de tez oscura, vestido en harapos dirigiendose al baño. A los otros 15 minutos llega un deportista, con un bolso de mujer. Se acerca al zafacon y sustrae un vaso usado de papel. Lo limpia con servilleta y urge a servirse de la leche "gratis" que esta en el counter. La empleada le grita que se vaya, el don le pregunta el porque de su interes de ser una empleada excelente de Starbucks, yo me rio.
A todo esto el viejo de mi frente sigue mirandome de reojo y de manera extraña; yo ya solo ruego a que Laura me conceda la suerte de aparecer. La mujer deportista recoge y hace como que se va, mi viejo de frente hace lo mismo, se estira, me vuelve a mirar y se marcha. Yo me muevo corriendo para el puesto de la doña. Soy la unica mujer en el local; son las 11:20 de la noche.
Al parecer todos en el local son dominicanos, excepto por la empleada que le echo el boche al don del bolso de mujer. Sigo dando sorbos a mis restos de frappuccino y empiezo a releer mis recibos de Italia y de Utah. Donde diablos anda Laura?. A las 11:30 se aparece la flaca con rizos y rimel encima. Ha llegado mi gloria; es hora de marcharse. Ocho bloques para llegar al barcito Bourbon, una balsa de gringos que se mueven al ritmo del alcohol y de la falta de sincronizacion. Esto es NY.
*el mas chiquito