martes, enero 13, 2009

El laberinto

Gettyimages

El laberinto no era un lugar, era un recorrido sin destino alguno. Era un camino que conducía a la nada. El laberinto era un camino difuso. Camino de estrellas caídas, de pedazos de cosas, el camino era un trazado hecho con titubeante medida, en desorden. El camino seguía siendo un susodicho laberinto, lejano, oscuro, frío.

Una trinchera que desafiaba el espacio, un repetido sonar que invadía el trayecto. El laberinto era una trinchera, un tiempo de luchas interminables, historias enterradas y guardadas con llave de pandora.

El destino no pertenecía a nadie, aquel destino, aquel que mencionaban los relatos de escolaridad, "El destino", el destino era cambiable. Cuando lo que se tiene son simples manojos de verdades, pedazos de futuro, pasos cambiables-títeres-esclavos de otro, entonces no se tiene destino. Se tiene supervivencia.

Se creó por si mismo, nadie lo ayudó, el laberinto hacia recodos por cada segundo que pasaba en mis dedos, el laberinto se multiplicaba, crecía y crecía.


Háblame...
Despiertame de esta pesadilla, hoy quiero empezar a soñar futuro...

2 comentarios:

Unknown dijo...

Te convido a creerme cuando digo futuro...
a pesar de todo...
besos, ana de la isla
Palestina libre!

Ana Báez Sarita dijo...

Palestina Libre!