Si se callase el ruido, oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños, y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido, quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías, que nos queda la esperanza
Escuchando las historias que quedan descritas en los videos del grandioso Zumthor me he pasado el fin de semana completo. Entre té(s) verdes y negros he ido repasando decisiones, imagenes de mi vida. He ido dejando el sonido chueco de mi pensar para luego llenarlo de experiencias nuevas.
Las conclusiones son obvias, evidentes. Pasar página no es fácil, toma tiempo, coraje, piques, respiros, rabietas y demás. Está claro, esta sociedad consume a cualquiera que se deje consumir en ella, es una vorágine llena de siniestros tentáculos que te arrastran sin darte cuenta. Es preciso hacerse vuelo pronto, y arriesgarse a saltar hacia el susodicho abismo de la incertidumbre.
Hoy me dije que no volvería al Macondo de Márquez, que me centraría en todos esos deseos que contuve durante tanto tiempo, en un mes y algunos dias me embarco al viaje que tanto postergué, dentro de poco nos toca tomar el tren hacia la costa oeste, los planes no se hacen esperar, estoy emocionada, lo suficiente como para pintarrajear una sonrisa permanente en mi faz.
Sin embargo, para esos momentos en que la sonrisa piense en desdibujarse, las conversaciones brotarán solas, el té seguirá ahí junto a las canciones de Ismael. Yo seguiré planificando mi vida en pos al presente, poco a poco, despacio.