viernes, noviembre 20, 2009

El Umbral

Hacia ella me dirigia, pausada y sigilosa como quien augura lo que llegará...



El bermejo de sus cabellos lo decía todo, las historias contadas en su regazo mientras alguna que otra vez se colaba mi mano sobre su nuca me hacían darme cuenta que pronto se esfumaría, religiosamente, toda su cabellera suave. ELLA que siempre nos ha obligado a los refrescos después del almuerzo (para luego inventar un modo de como deshacerme de ese liquido que no consumo) insistiendo en que "de algo muere uno", inclusive ese día en que, sollozando en el diván, juraba que no daba mas a la tregua.

Sabido es que ELLA nunca ha censurado el lenguaje irreverente de los suyos, ni las acciones asqueantes *a veces, de quienes le rodean. No perdono el hecho de que se rinda sin luchar, de que siga escondiendo su dolor y jure felicidad eterna. El final de las historias nunca es feliz para todos los actores, y en esta obra de vida, este escenario forzado no traerá mas que arrepentimiento por una gran parte de los que dicen quererla.

Nunca pedí que se repitiera la historia, nunca quise, aferrarme a seres que en evidencia nos dejan para descansar, y, aun no me cabe que el destino siga trazando, a su antojo, lo que le parece.

Que no se acabe esto nunca Gloria, esto de quererte tanto...


Imagen por V.F

domingo, noviembre 01, 2009

Cúmulo

Gravity release me, and don't ever hold me down


Todos pasamos por épocas de ciclos infinitos, minutos interminables que quisiéramos volarnos. Hay veces en que nos enfocamos tanto en no disfrutar lo que nos pasa y vivir de la queja, también hay veces que las cosas sencillas nos hacen olvidar todo lamento que surja.

Igual nada llega solo. No quiero ni empezar a describir los últimos acontecimientos familiares para siquiera acercarme a repetir la historia Báez, no voy a enfocarme en los tres días en cama que me ha tocado vivir junto a mil doscientas pócimas que mi hermana y madre se han encargado de, muy pacientemente darme, hago esto en pos de pedir, literalmente algo de fuerza que me llegue de la manera que quiera llegar.

Ni Saramago, ni Sabina. Ninguna melodía ha podido calmar este ímpetu. Normalmente hubiese tirado todo por la borda y me hubiese largado al rincón mas alejado. Ahora no puedo, el deber moral demanda algo mas.

Solo algunos comprenden, ahora, la posición en la que me encuentro, y todos insisten que me perfume de paciencia. Me habré equivocado de nuevo?