martes, agosto 19, 2008

El Tiempo (de como juegan con el)

La calle esta tupida, no cabe "ni un mandao" y la gente sigue presionando para ganar un espacio en el susodicho espacio en el que no hay espacio para nada. Estoy parada, moviendo los pies sobre el mismo eje, de izquierda a derecha y viceversa. El aire se va volviendo denso y cada vez mas denso. A mi alrededor veo gente que no se impacienta por nada, estan acostumbrados a lo mismo, a esperar que todo circule cinco metros por hora, veinte bostezos por minuto, ocho litros de sudor por cada segundo que pasa.

Me siento invadida por un deseo de gritar, me dan ganas de "jamaquear" a mis vecinos de travesia y despertarlos de esa rigidez a la que nos va convirtiendo la rutina. Ninguna luz se vuelve tan eterna como la que me toca ahora, estos han sido los veinte minutos mas largos que paso varada en la misma esquina.

Todo el mundo habla de lo mismo, algunos se quejan de lo que pasa, otros se quejan de aquellos que viven quejandose, luego estan los que no se quejan y solo quieren "llegar", estos ultimos, los conformistas, los que el cansancio les ha arrebatado el mas minimo sentido de lucha por lo que sea. Los que una luz mas o una luz menos solo significa cercania al hogar o viceversa.

Todos los dias sucede lo mismo, todos los dias rezo porque mi trayecto se vuelva corto y que simplemente todo circule con normalidad.

Hoy ha caido el ocaso, he visto pasar el dia y la noche como cosa comun. Ahora intento mirar a cualquier lado y pedir, a quien sea que escuche, que me de serenidad por lo menos por esa hora que me toca de regreso a casa, esos sesenta minutos de cansancio, asfixia y nerviosismo, esos sesenta minutos de un dia cualquiera, en una calle cualquiera, de mi querida ciudad de Santo Domingo.

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